PROGRAMA
SOCIALISTA
Aprobado en
el Congreso de Unidad Realizado el 14 de
septiembre de 2002.
Buenos Aires
- Argentina.
Comisión
de Programa para la Unificación del Socialismo.
Integrantes: Mónica Fein, Alejandro Rofman,
Alfredo Lazzeretti, Jorge Tula, Felipe Fridman, Carlos
Fidel, Enrique Oteiza, Pablo Bonazzola, Rodolfo Mangas.
CONTENIDO
I. DECLARACIÓN DE ROSARIO.
II. INTRODUCCIÓN.
III. LOS VALORES DEL SOCIALISMO.
III. UNA SOCIEDAD LIBRE, IGUALITARIA Y SOLIDARIA.
- La defensa irrestricta y universal de los derechos
ciudadanos.
- La equidad de género
- La eliminación de todo tipo
de discriminación.
- La vigencia efectiva de los derechos
de la infancia.
- La participación protagónica
de la juventud.
- La protección integral de
las personas mayores.
- El derecho de todos al trabajo.
- La inclusión e integración
de los más postergados mediante políticas
sociales de carácter universal.
- Salud para todos
- La educación pública,
universal, obligatoria, laica y gratuita
- Vivienda digna y hábitat adecuado
- La integración de las personas
con necesidades especiales.
- La democratización de la cultura
- El derecho a la ciudad
- La preservación del medio
ambiente
...........................................................................................................................................
IV. DEMOCRATIZACIÓN DEL ESTADO,
LA SOCIEDAD Y LA ECONOMÍA 15
Democracia política y social
Democracia económica
Un Estado eficiente, transparente,
participativo y solidario
Sistema electoral y de partidos políticos
Autonomía municipal
...........................................................................................................................................
V. DESARROLLO CON EQUIDAD SOCIAL
Y SUSTENTABILIDAD 18
La refundación del Estado 18
Un nuevo modelo de desarrollo 19
La economía social 20
Sistema bancario y financiero 21
Economías regionales 22
La reforma urbana 23
Ciencia e investigación 23
...........................................................................................................................................
VI. INTEGRACIÓN EN EL MERCOSUR,
COOPERACIÓN INTERNACIONAL Y PAZ MUNDIAL 23
La paz mundial 23.
La Integración regional y el
Mercosur. Respuesta a la globalización 24.
...........................................................................................................................................
QUIENES SOMOS, POR QUÉ LUCHAMOS
26
I. DECLARACIÓN DE ROSARIO
Los socialistas de Argentina nos unimos
en momentos en que el país atraviesa una crisis
inédita, signada por el desmoronamiento de un
régimen político, económico y social
moldeado por la última dictadura, el endeudamiento
externo fraudulento, la hiperinflación, los golpes
de mercado, la desarticulación del Estado, la
privatización del patrimonio público,
la concentración económica y la hipertrofia
de un sistema financiero ajeno a las necesidades del
país y sus vaivenes institucionales.
En ese contexto, el sistema político
e institucional padece una grave crisis de credibilidad
y legitimidad, a la que no es ajeno prácticamente
ninguno de sus actores. Y aunque ese descrédito
es amplificado por los medios de comunicación
adictos al establishment y ciertos guetos fascistas,
lo cierto es que el pueblo en su conjunto ha puesto
en tela de juicio al sistema institucional. Esa crisis
no puede entenderse sin aludir a la actitud cómplice
de los grandes actores políticos, a la desvergonzada
connivencia entre éstos y un poder económico
habituado a las prácticas mafiosas, al riesgo
cero y a las ganancias ilimitadas de unos pocos a expensas
de las grandes mayorías; a la impunidad de los
genocidas y de los grandes delitos políticos
y económicos; a la feroz corrupción de
muchos estamentos del poder; a una Corte Suprema de
Justicia abyecta y a la incapacidad del sistema político
para construir un espacio de autonomía, decisión
y soberanía colectivas frente a la prepotencia
del establishment.
El hartazgo popular, que ya se había
expresado en las elecciones del 14 de octubre y se viene
manifestando de múltiples formas, no apunta sólo
contra un puñado de personajes, por más
emblemáticos que éstos sean. Para una
significativa mayoría, la propia actividad política
se ha convertido en sinónimo de corrupción,
mientras su incapacidad para trasformar la vida cotidiana
de las personas ha hecho perder todo vestigio de legitimidad.
Es que, por acción u omisión,
el sistema político ha prestado su aquiescencia
a la implantación de un régimen que condena
a la inmensa mayoría de los argentinos al desempleo,
a la precariedad laboral, a la miseria, a la brutal
degradación de sus condiciones de existencia,
a la inseguridad en todas sus manifestaciones, al desamparo,
a la privación de sus derechos civiles, sociales
y laborales.
La indignación tiene, entonces,
raíces profundas. Y, cada vez más, para
desesperación del establishment, se dirige contra
el modelo que nació en 1976 con la dictadura
sanguinaria, asistió a su dramática expansión
bajo la oprobiosa década menemista y se profundizó
bajo el gobierno de Fernando de La Rúa. Es precisamente
la continuidad de ese régimen la que está
en la base del enorme descrédito que exhiben
hoy las instituciones republicanas.
Sin embargo, y con el apoyo de la potencia
hegemónica, el poder económico conformado
por los acreedores externos, los organismos multilaterales
que les responden y los grupos más concentrados,
asociados al sector financiero y los consorcios emergentes
de la privatización de los activos públicos-
sigue demandando que se profundicen la desarticulación
del Estado y las condiciones de explotación que
padecen los trabajadores, que se rebajen las exiguas
cargas impositivas que pesan sobre el capital, que sigan
licuándose las deudas empresarias a costa del
conjunto de la sociedad, y aun que se garantice la impunidad
de los delincuentes económicos ligados al establishment.
La situación descripta nos coloca
ante un crucial desafío político, que
es necesario enfrentar con decisión, audacia,
responsabilidad y compromiso. Por ello, los socialistas
de Argentina hemos decidido dejar atrás décadas
de estériles desencuentros, fragmentaciones y
divisiones, para acometer la enorme y trascendente tarea
de reconstruir una herramienta política común
para todos los socialistas.
A 106 años de distancia de aquel
Congreso constituyente donde nacía la primera
organización política moderna de la Argentina,
decidida a representar a la nueva clase que emergía
de las entrañas del sistema capitalista, a preparar
su emancipación del yugo explotador y a fundar
un nuevo orden económico y social, este Partido
Socialista viene a recuperar lo mejor de nuestras tradiciones
y, al mismo tiempo, a responder al surgimiento de nuevas
demandas y nuevos actores sociales con un programa renovado
y una acción consecuente capaces de impulsar
la profunda transformación que el país
necesita.
Hoy más que nunca, frente a
la gravedad de la crisis política, económica
y social, y a las presuntas opciones que, dictadas bajo
la hegemonía del pensamiento único, no
pueden conducir sino a profundizarla, la alternativa
del socialismo adquiere una renovada significación
para los trabajadores, los explotados, los marginados
y los excluidos, en fin, para quienes aspiran a una
sociedad más libre, más justa, más
solidaria y más democrática.
Por eso, la construcción de
una herramienta política unitaria, de enorme
potencialidad política y social, es para nosotros
una decisión estratégica.
Mientras el poder económico
discute quien encarnará el proyecto político
retardatario de la vieja derecha, los socialistas, junto
al conjunto de la izquierda democrática y a los
demás sectores progresistas comprometidos con
un proyecto de transformación profunda de la
sociedad, debemos también prepararnos para lo
que será una confrontación decisiva por
el futuro de la Argentina.
Frente a la alianza de los herederos
de la dictadura, los personeros del modelo neoliberal
y de rapiña hoy vigente y los representantes
de una cultura política agotada y cómplice,
debemos ser capaces de congregar a las fuerzas más
avanzadas y dinámicas de la política,
la economía y la sociedad para ser protagonistas
de la construcción de otro modelo de país.
Los socialistas hemos venido denunciando
tenazmente las claudicaciones que nos llevaron al actual
estado de cosas, proponiendo alternativas y abriendo
cauces, para que las coincidencias con un amplio abanico
de fuerzas políticas y sociales conformen el
sustrato de una gran coalición de izquierda democrática,
que hoy se expresa en las calles, en las asambleas populares,
en las luchas heroicas del pueblo argentino, pero que
aún no tiene vertebración orgánica.
Un Partido Socialista único,
fuerte, avanzado, popular y democrático, como
el que hoy refundamos, está en condiciones de
convertirse en la avanzada de esa gran coalición,
para transformarla en una herramienta capaz de encarnar
una alternativa de poder y llevar adelante el cambio
que la sociedad argentina nos está demandando.
Ese cambio sólo será
posible en el contexto de una integración más
activa y comprometida de los pueblos latinoamericanos.
Y, en esa tarea, una convergencia de las fuerzas progresistas
de la región sustentada en la más genuina
vocación internacionalista y la constitución
de una fuerza socialista del MERCOSUR están llamadas
a convertirse en una poderosa palanca de renovación
política, progreso económico y social,
e identidad cultural.
Por ello, tomamos hoy la decisión
de construir un único Partido Socialista, sobre
la base de los partidos Socialista Democrático
y Socialista Popular.
Y convocamos al resto de las fuerzas
y agrupaciones socialistas hoy existentes, así
como a los millares de argentinos que aún permanecen
fuera de las estructuras vigentes pero que comparten
nuestro ideario, a emprender el renovado y trascendente
desafío de reconstruir el partido único
de todos los socialistas y avanzar así en la
construcción de una sociedad más libre,
más democrática, más justa y más
solidaria: la sociedad socialista.
II. INTRODUCCIÓN
Los argentinos ingresamos al nuevo
siglo con el peso de una crisis que no tiene antecedentes
en nuestra corta historia. El país que muchos
de nosotros conocimos, y que se distinguía por
una educación pública que nos preparó
para ser ciudadanos, que construyó un estado
social que a pesar de sus déficits promovió
nuevos derechos, que logró ser el más
igualitario de esta parte del mundo, que generó
una gran movilidad social, que esbozó un proyecto
nacional con fuerte énfasis en una industrialización
sobre crecientes bases tecnológicas propias,
que alcanzó el pleno empleo y que fue capaz de
iniciar un proceso de desarrollo, pues bien, ese país
no existe más.
Al interior de esta historia el Partido
Socialista ocupó un papel claramente positivo
en la primera mitad del siglo. El Partido Socialista
contribuyó y mucho en las luchas sociales y políticas
desde fines del siglo XIX, siendo un gran impulsor de
las reivindicaciones a favor de la justicia social y
en particular, la legislación laboral. También
dejó su marca en movimientos como el de la Reforma
Universitaria del 18, el cooperativismo y el mutualismo,
la defensa de la democracia política y social,
y las luchas en defensa de los derechos humanos. Sin
embargo su influencia y su perfil se fueron desdibujando
a partir de la segunda mitad del siglo pasado. Desde
la década del 50 divisiones estériles
contribuyeron fuertemente a que el socialismo no tuviera
la fuerza suficiente como para abrir reales alternativas
al marcado deterioro que la sociedad fue experimentando
en forma creciente desde entonces.
Todos aquellos logros, que fueron la
consecuencia de largos años de lucha de nuestro
pueblo, comenzaron a ser destruidos durante la dictadura
militar de 1976 y se terminaron de abandonar debido
a una despiadada política ejecutada por el presidente
Menem. Con una intensidad desconocida en otros lados,
se inició un proceso salvaje que arrasó
con los cimientos en los que se asentó la Argentina
moderna.
En este escenario, los grandes partidos
han terminado de poner en evidencia las irreversibles
limitaciones de sus cuadros dirigentes. Los primeros
intentos de conformar nuevas alianzas políticas
para generar alternativas progresistas frente al neoliberalismo
conservador dominante, también mostraron las
limitaciones en la cultura política de dirigencias
provenientes de distintas experiencias históricas.
El nuevo siglo nos coloca entonces
ante un gran desafío: reconstruir el país.
Pero reconstruirlo sobre nuevas bases de equidad, solidaridad,
justicia social y eliminación de toda forma de
explotación social. En ese cometido, es notorio
que deberá replantearse a fondo, el sistema económico-social
que nutre los fundamentos de las actuales carencias,
privaciones e injusticias que agobian a la mayoría
de la sociedad argentina. Se trata del sistema capitalista
salvaje, que en su derrotero del último cuarto
de siglo ha destruido las bases de la convivencia social
a partir de la entronización de un modelo sostenido
por una única meta: valorizar el capital financiero
especulativo y agredir a la producción, al salario,
al empleo y a las conquistas sociales fundamentales
de los trabajadores.
Para avanzar en otra dirección,
contrapuesta a la que nos ha llevado a esta gravísima
tragedia económico social y política,
es preciso construir un nuevo rumbo, a partir del diseño
de un Proyecto Nacional, con la voluntad de la mayoría
de la población argentina, hoy excluida y acorralada
en la miseria, el desempleo y la ausencia de una auténtica
democracia participativa.
Con este proyecto de nuevo país,
superador del que nos rigió hasta ahora, tendremos
que buscar otros caminos para insertarnos en este mundo
globalizado, que nos permita aprovechar las oportunidades
que ofrece y no quedar prisioneros de los riesgos que
conlleva.
No existe política sin proyecto.
Pero, además, es imposible imaginar la superación
de una crisis tan profunda como la actual sin un Proyecto
Nacional. Este proyecto, como es obvio, deberá
ser diseñado en el marco de un avance irrefrenable
del capitalismo financiero especulativo, y deberá
librar una batalla político-cultural contra el
pensamiento único que sostiene irrestrictamente
la privatización de las actividades económicas,
la desregulación de los mercados, la mundialización
financiera y la reducción del Estado a su mínima
expresión, como manifestación concreta
del Consenso de Washington.
Esta ineludible contienda deberá
efectuarse a nivel internacional y nacional. En el primer
caso, integrando bloques con aquellos países
erosionados por los efectos nocivos de la globalización
con el fin de bregar por una regulación concertada
de los avasalladores movimientos de capital, erradicar
los paraísos fiscales, lograr inversiones que
generen riqueza y trabajo, e impedir cualquier cuestionamiento
a los programas de bienestar.
A nivel nacional, se trata de volver
a sacar a luz la idea de Proyecto democráticamente
formulado, es decir, de una plataforma ideal que oriente
al gobierno de nuestra sociedad. Para ello, entre otras
cosas, tendremos que reelaborar la idea de un Estado
nacional, que sea económica, monetaria
y políticamente soberano.
Este proyecto, es fácil advertirlo,
no se propone enfrentar las consecuencias, sino las
causas de los desequilibrios que genera este capitalismo
que estamos padeciendo. Nuestro objetivo no es adaptarnos
a una sociedad menos injusta, sino avanzar hacia un
orden fundado en una sociedad justa.
Un desafío de esta envergadura
puede obligar, en la transición y con el objetivo
de acumular fuerzas en el cumplimiento del derrotero
enunciado, a la búsqueda de una convergencia
de fuerzas políticas afines, más aún
en un escenario en donde el incremento de la dispersión
política atenta contra la eficacia de cualquier
fuerza con pretensión de gobierno.
Ahora bien, un proyecto de estas características
sólo puede ser promovido y ejecutado por una
coalición política progresista en donde
la izquierda democrática, es decir el socialismo,
desempeñe un rol protagónico central:
No puede haber coalición de centro-izquierda
sin una izquierda democrática fuerte, moderna,
audaz e inteligente. Un partido de este color ideológico
y de estas características es el mejor garante
de la reconstrucción de un país en ruinas
y de la recreación de las bases sociales y económicas
para que los argentinos podamos poner fin a una fractura
social intolerable para cualquier sociedad seriamente
democrática.
Sin embargo, conviene recordar nuestras
experiencias coaliciónales recientes. Sólo
así podremos evitar futuras construcciones políticas
endebles y propensas a giros ideológicos y políticos
inaceptables para una fuerza política como la
nuestra. Porque las coaliciones son creaciones políticas
a veces indispensables, pero que requieren de cuidados
y de reglas claras. Esta actitud y estas normas sólo
pueden ser garantizadas por sujetos políticos
responsables. Y el partido de los socialistas que estamos
dando a luz es precisamente el fruto de la responsabilidad.
No se puede calificar de otra manera a la decisión
política de poner fin a una historia de injustificadas
fragmentaciones del espacio socialista.
Pero para lograr construir el Partido
Socialista que reclama este mundo de incesantes transformaciones,
es necesario rediscutir ciertas concepciones ideológicas
y esquemas organizativos que guiaron hasta ahora nuestra
acción política. Cuando las circunstancias
económicas y el mosaico social se modifica, las
ideas-eje, el programa, alrededor de las cuales gira
nuestro trabajo político necesariamente deben
ser modificadas.
Pero si, además, el escenario
nacional todo se ve sacudido por una crisis que altera
hasta grados desconocidos las diversas instancias de
la vida ciudadana y de las instituciones alrededor de
las cuales se organiza la sociedad, las propuestas programáticas
y los instrumentos organizativos que nos acompañaron
hasta ese momento tienen necesariamente que ser repensados
con una profundidad tal que obliga a poner en juego
toda nuestra inteligencia e imaginación.
Este último es el escenario
en el que tenemos que actuar. Y de nuestra capacidad
intelectual y política dependerá que desempeñemos
un rol primordial o que sigamos siendo actores secundarios.
De nuestra centenaria historia hay
momentos de los que podemos estar orgullosos. Uno de
ellos es aquel en el que los socialistas lograron fundar
el primer partido político moderno de la Argentina.
Hoy tenemos la oportunidad de crear un nuevo espacio
político de confrontación de ideas, de
construcción de propuestas, un laboratorio de
renovación de las tradiciones políticas,
un centro de experimentación de nuevas formas
de relacionarse con una sociedad que reclama menos delegación
y más participación.
En este camino, la estrategia a largo
plazo del socialismo, fundamentalmente, deberá
contener el diseño de una Nueva Sociedad, que
reemplace al sistema capitalista, hoy incapaz de asegurar
dignidad, trabajo e ingreso al conjunto de los pobladores
de la Nación Argentina. Esa Nueva Sociedad a
alumbrar, en un largo y creativo camino, tendrá
que asegurar a todos el derecho a una inserción
política, económica, social y cultural
que dé lugar a relaciones sociales libres de
explotación, dominación o cualquier manifestación
de poder coercitivo.
Como en el siglo pasado, el siglo que
está comenzando requiere de instituciones nuevas,
de organizaciones políticas inteligentes y participativas.
Sin ellas no será posible reconstruir el país
arrasado. ¡Manos a la obra, socialistas!
III. LOS VALORES DEL SOCIALISMO
El trabajo político del socialismo
tiene como meta crear una sociedad sin privilegios y
sin relaciones de dominación que, siendo organizada
democráticamente, se base en los principios de
libertad, igualdad y solidaridad. El socialismo desea
formar una sociedad basada en los ideales de la democracia
donde cada persona tiene su propio valor. La libertad
y la igualdad de las personas en una sociedad solidaria
es el propósito del socialismo.
El Socialismo defiende la libertad
de todos y cada uno de los individuos en el sentido
de una autodeterminación con responsabilidad
social. La libertad de cada uno es para nosotros la
base para la libertad de todos los miembros de la sociedad.
La libertad no sólo significa un rechazo de cualquier
forma de dictadura y de todo sistema autoritario sino
que conlleva también conquistas sociales. La
libertad consiste tanto en ser libres de coacciones
y opresiones externas, del hambre, de la ignorancia
y del miedo, como al derecho a la autodeterminación
y a la participación, a tener posibilidades de
desarrollo, a tener las posibilidades de influenciar
sobre su propia vida y de elegir su propio futuro.
Las libertades y derechos de los ciudadanos,
tales como el derecho a votar, la libertad de pensamiento
y de creencia, la libertad de expresión y la
libertad de organización son necesarias, y forman
la base de la libertad, pero no son suficientes. Las
desigualdades económicas y sociales crean condiciones
distintas para que los ciudadanos puedan hacer uso de
esta libertad y para que tengan las posibilidades de
influir sobre su propia vida. La verdadera libertad
para participar y desarrollarse, es la de liberarse
de la desigualdad económica, cultural y social.
La igualdad constituye el sustento
de la libertad. En una sociedad desigual, los afectados
por la desigualdad son también necesariamente
menos libres para dirigir sus vidas. La igualdad constituye
también una distribución justa de los
recursos tan importantes para la libertad del individuo,
es decir economía, educación y cultura.
Como la libertad, requiere también la igualdad
estructuras sociales y condiciones económicas
que den a todos el mismo derecho y las mismas posibilidades
de desarrollo y participación. La igualdad conlleva
para nosotros el derecho al trabajo y a la educación,
así como la igualdad de derechos políticos
y sociales. Los individuos más débiles
o en situación desventajosa, tienen el derecho
a políticas de apoyo y de ayuda adicionales.
La solidaridad significa que todos
deben tener el mismo derecho y la misma posibilidad
de influenciar sobre las medidas a tomar y todos deben
tener la obligación de ser responsables de las
mismas. Es necesario extender la solidaridad entre generaciones
y, además entre las generaciones presentes y
las generaciones futuras.
La solidaridad excluye el egoísmo
de lucrar con otros en su propio beneficio. Para los
postergados, la solidaridad constituye un apoyo en su
lucha por la justicia. Para todos, independientemente
de su propia fortaleza, la solidaridad es una condición
para alcanzar la seguridad y la cooperación en
la vida social, que solamente pueden nacer de la confianza,
y nunca de la lucha y de la competencia.
La libertad, la igualdad y la solidaridad
constituyen juntas los cimientos de la sociedad democrática,
del mismo modo que solamente una sociedad democrática
puede poner en práctica la libertad, la igualdad
y la solidaridad. La democracia constituye en sí
misma los cimientos de la ideología socialista,
y sus ideales tienen que caracterizar la vida social
en toda su extensión, política económica,
social y culturalmente.
Las mujeres y hombres que integramos
el socialismo trabajamos para que los ideales de la
democracia impriman su carácter en todo el orden
social establecido y en las relaciones entre los individuos.
Nuestro objetivo es una sociedad sin diferencias de
clases y sin segregación sexual o étnica,
una sociedad sin prejuicios y sin discriminaciones,
una sociedad donde todos los individuos son necesarios
y donde todos encuentran su lugar, donde todos tienen
los mismos derechos y el mismo valor, donde los niños
pueden crecer y desarrollarse como personas libres e
independientes, donde todos tengan la libertad de dirigir
sus vidas y donde juntos, logren las soluciones sociales
necesarias para lograr una calidad de vida digna.
La democracia debe practicarse en muchas
formas y en muchas etapas. El socialismo aspira a un
orden social donde las personas, como ciudadanos e individuos,
puedan influir tanto sobre el desarrollo social como
sobre el trabajo de su vida cotidiana. Aspiramos a un
orden económico donde cada persona como ciudadano,
asalariado y consumidor pueda influir sobre la producción
y su distribución y sobre la organización
y condiciones de su vida laboral.
El poder de la sociedad debe provenir
de todos aquellos que la integran y le imprimen sus
formas. Los intereses económicos no deben tener
nunca el derecho de limitar la democracia.
La democracia es un mínimo de
socialismo; el socialismo es el máximo de democracia.
III. UNA SOCIEDAD LIBRE, IGUALITARIA
Y SOLIDARIA
La lucha del socialismo por la libertad
e igualdad de todas las mujeres y varones en una sociedad
democrática y solidaria, se sustenta en las siguientes
propuestas:
1. La defensa irrestricta y universal
de los derechos ciudadanos.
El derecho a la vida, a la libertad
de expresión, al vivir en paz, a la información,
a la participación, se ven crecientemente amenazadas
en nuestro país por la desigualdad social y económica,
la marginación, la arbitrariedad y las tendencias
autoritarias. El socialismo compromete sus mayores esfuerzos
hacia una sociedad en que las libertades y la justicia
para todos los ciudadanos sean inviolables.
2. La equidad de género.
La desigualdad entre las condiciones
de vida de varones y mujeres en todas las clases sociales
configura un orden social injusto, llamado sistema de
género.
Es imprescindible modificar ese sistema
de ideas que asigna roles estereotipados y jerarquías
a la diferencia biológica entre los sexos, porque
la diferencia no tiene por qué ser entendida
como desigualdad.
En Argentina, los derechos ciudadanos
conquistados por las mujeres son en muchos casos sólo
formales, y su concreción requiere de una lucha
y explicitación permanentes.
Por ello el socialismo impulsa la equidad
de género en todas las políticas públicas
y la lucha por remover los obstáculos que limitan
la autonomía de las mujeres y las posibilidades
de desarrollo personal a mujeres y varones, a través
de las siguientes propuestas:
· Paridad en la participación
política de mujeres y varones.
· Efectivo cumplimiento del
principio de igual remuneración por trabajo de
igual valor.
· Garantía de todos los
derechos humanos de las mujeres, especialmente el derecho
a una vida libre de violencia.
· Responsabilidades familiares
compartidas equitativamente, favoreciendo un mayor involucramiento
de los varones en la crianza de los hijos e hijas e
impulsando la licencia por paternidad, entre otros aspectos,
y la participación de los varones en las tareas
domésticas.
· Despenalización del
aborto, para reducir el número de muertes de
mujeres a causa de abortos inseguros. La tipificación
del aborto como delito hace que las mujeres no concurran
o lo hagan tardíamente a los centros de salud,
cuando un aborto se complica por temor a la denuncia
y a la cárcel.
· Legalización del aborto
y cumplimiento efectivo en los siguientes casos: cuando
el embarazo es consecuencia de una violación,
cuando corre riesgo la salud de la mujer, o cuando no
existe posibilidad de vida extrauterina del feto.
· El derecho de las mujeres
a decidir sobre su cuerpo, su sexualidad y su reproducción,
garantizando el acceso a métodos anticonceptivos
o a la ligadura de trompas, informada y voluntariamente.
3. La eliminación de todo tipo de discriminación.
El socialismo considera necesario luchar
contra todas las discriminaciones y fortalecer las políticas
de acción positiva para superar sus efectos.
Es necesario usar la acción pública para
salir al paso de los prejuicios y valores conservadores
que, con el pretexto de sexo, nacionalidad, etnia, preferencias
sexuales, religión, ciertas enfermedades o cualquier
otro motivo, conculcan la igualdad política esencial
de los seres humanos.
4. La vigencia efectiva de los derechos
de la infancia.
El socialismo asume el compromiso explícito
con la infancia y juventud como sujetos de derecho,
que deben gozar de los derechos, libertades y garantías
establecidos en la Convención Internacional de
los Derechos del Niño.
El socialismo impulsa como políticas
públicas para la infancia:
· La libertad de crecer: derecho
a la vida y al desarrollo basado en la calidad de vida
y desarrollo integral de la Infancia, integrando el
cuidado del cuerpo, la promoción y la atención
de la salud.
· Saber es descubrir: el derecho
a la educación, aprender a aprender, como modo
de comprender críticamente el mundo y la cultura,
garantizado por un sistema educativo, público
e igualitario, que se constituya en provocador de formación
en valores, arte, ciencia y tecnología con criterio
de multiculturalidad y con perspectiva de género.
· El trabajo creador: formar
a la niñez en el valor del trabajo y el poder
transformador y creativo del mismo en una sociedad solidaria,
protegiéndola del trabajo infantil como forma
de explotación.
· Un lugar en el mundo: derecho
al nombre, a crecer en una familia, a tener una patria,
una lengua, garantizado por políticas culturales
que brinden oportunidad en la diversidad, respeto a
la multiculturalidad y desarrollo de las culturas regionales.
· Jugar es crecer: el juego
es el dispositivo de aprendizaje, integración
social, e identificación cultural. Defender y
promover este derecho, es una forma de propender a la
cultura democrática y al crecimiento pleno de
la infancia.
5. La participación protagónica de
la juventud.
La exclusión provocada por el
modelo neoliberal es particularmente grave en la juventud,
que en Argentina incluye diez millones de mujeres y
varones entre 15 y 29 años, y se traduce en la
sistemática exclusión de las y los jóvenes
del acceso a las oportunidades laborales, educativas,
sociales y culturales.
Es prioritario construir alternativas
con el protagonismo de los propios jóvenes, que
les posibiliten tener un proyecto de vida digna y una
responsabilidad de su destino individual y colectivo,
y crear valores solidarios y participativos para la
comunidad en la que viven y para la sociedad en general.
En ese sentido, son propuestas del
socialismo:
Generar espacios institucionales para
la reflexión, el debate y la participación
activa, donde se fortalezca a las y los jóvenes
como ciudadanos y se promueva su identidad juvenil y
social, y su inserción tanto en materia laboral,
como social y cultural.
Garantizar el derecho a la educación en todos
sus niveles.
Crear ámbitos de capacitación laboral
orientados a la empleabilidad juvenil, la formación
personal y la inclusión social y laboral de las
y los jóvenes.
Promover una vida sexual con libertad y responsabilidad,
garantizando la información sobre su salud sexual
y reproductiva, y accediendo a métodos anticonceptivos
y a la prevención de enfermedades de transmisión
sexual como el VIH-SIDA.
Alentar la participación juvenil en actividades
solidarias de apoyo a actores sociales con dificultades
en su vida cotidiana (personas mayores, niños
en riesgo, personas con dificultad de aprendizaje, personas
con discapacidades). Acción colectiva y participativa
de la juventud en las estrategias de prevención
de las adicciones.
6. La protección integral
de las personas mayores.
Uno de los fenómenos sociales
que caracterizó al siglo XX fue la prolongación
de la vida de las personas, aunque en forma desigual
entre los más ricos y los más pobres.
Al mismo tiempo, quienes llegan a edades avanzadas tienen
imposibilidad creciente de una vida plena, de un ingreso
jubilatorio digno o de cuidados adecuados a sus necesidades,
convirtiéndose en uno de los sectores más
excluidos. El socialismo considera fundamental reconstruir
desde el Estado la posibilidad de una vejez digna y
con asistencia, con autodeterminación y participación;
y desde la sociedad, la contención e integración
social de las personas mayores.
Debe reestatizarse el sistema previsional
y efectuar una profunda reforma jerarquizando la eficiencia,
la transparencia y la participación de los beneficiarios.
Se debe priorizar los niveles locales,
municipales, comunales y barriales, para la generación
de programas y proyectos para las mujeres y varones
adultos mayores con plena participación de los
destinatarios. Se debe fomentar asimismo la creación
de instituciones abiertas para sustituir carencias materiales
y afectivas no brindadas por el grupo familiar.
Las personas mayores deben tener acceso
a instancias de capacitación para el desempeño
laboral teniendo en cuenta las potencialidades y experiencias
acumuladas y la ocupación creativa y participativa
del tiempo libre.
Debe desarrollarse la asistencia y
acompañamiento domiciliario en los casos necesarios,
con base en las organizaciones comunitarias y en los
programas laborales solidarios para la juventud.
7. El derecho de todos al trabajo.
El socialismo entiende que pese a las
profundas modificaciones de los sistemas productivos
y laborales, el trabajo sigue siendo la actividad fundamental
de la sociedad y fuente principal de la riqueza, por
lo que impulsa las políticas de pleno empleo
y el derecho de todas las personas al trabajo digno.
El socialismo se compromete a defender
las conquistas y derechos de las trabajadoras y los
trabajadores; a dignificar el trabajo doméstico;
y a que todos los trabajadores y trabajadoras gocen
de salarios dignos y prestaciones, capacitación
y condiciones de trabajo satisfactorias y seguras. El
empleo estable y bien remunerado debe ser una prioridad
en los planes y acciones de gobierno para acabar con
la pobreza y construir una sociedad justa.
El cuidado y promoción de la
salud de los trabajadores y el perfeccionamiento permanente
de las condiciones y medio ambiente de trabajo saludables
es un objetivo prioritario del socialismo. Debe impulsarse
la recuperación por el Estado del sistema de
prevención y aseguramiento de riesgos del trabajo.
En la lucha por estos objetivos, es
fundamental el fortalecimiento y democratización
de las organizaciones representativas de los trabajadores.
8. La inclusión e integración
de los más postergados mediante políticas
sociales de carácter universal.
Debe garantizarse al conjunto de las
personas, particularmente aquéllas en situación
de mayor vulnerabilidad: la eliminación de su
condición de pobreza sobre la base de la solidaridad
y la redistribución del ingreso, mediante la
Implementación del ingreso social mínimo
garantizado; la cobertura de salud, la seguridad alimentaria,
la educación gratuita, el acceso a jubilaciones
y pensiones cuando corresponda, y la garantía
del principio de igualdad de oportunidades.
9. Salud para todos.
El socialismo sostiene que la salud,
junto con la educación, son derechos fundamentales
y constituyen los pilares básicos del desarrollo
de la sociedad.
En su sentido más amplio, la
salud incluye alimentación y viviendas adecuadas,
trabajo digno, y posibilidad de realización individual
y familiar en el marco de una sociedad solidaria.
Debe ser obligación del Estado
garantizar el acceso de toda la población a la
atención de salud integrada e integral. Ante
la situación de pobreza, marginación,
exclusión y carencia de coberturas, es esencial
construir ciudadanía brindando cobertura explícita
a la población, en particular a la más
postergada y vulnerable. Asimismo, es fundamental recuperar
la raíz solidaria del sistema de seguridad social.
El modelo de atención debe estar
basado en la estrategia de atención primaria
de salud, y fundado en la concepción preventiva,
en la participación de la población y
del equipo de salud, en la jerarquización del
primer nivel de atención, en el desarrollo de
redes que integren el conjunto de recursos existentes
en niveles progresivos de atención, y en la calidad
de los servicios, dando un lugar prevalente a la mejora
de las condiciones de trabajo, la capacitación
permanente y el protagonismo institucional del conjunto
del personal de salud..
Es menester una transformación
profunda del Estado nacional para garantizar una gestión
del sistema de salud eficaz y transparente, y asumir
efectivamente la autoridad de regulación, particularmente
en la concreción de una política de medicamentos
y tecnología, y el rol de articulación
de las provincias en un sistema nacional a través
del Consejo Federal de Salud. El primer nivel de atención
debe descentralizarse a los municipios con los recursos
y competencias suficientes, a fin de concretar sistemas
locales adecuados a las necesidades y con participación
popular en todos los niveles de gestión.
10. La educación pública,
universal, obligatoria, laica y gratuita.
La lucha por la libertad y la igualdad
de las personas y el futuro de nuestra sociedad son
inconcebibles sin la educación.
Hoy uno de los mayores factores de
exclusión definitiva de las personas es el abandono
del sistema educativo; y uno de los principales instrumentos
concretos de lucha contra la pobreza y marginación
es la permanencia de los niños y jóvenes
en la escuela. No hay en el presente y en el futuro
respuesta posible al problema del empleo sin la educación.
La educación debe constituirse
en uno de los principales instrumentos de renovación
de la vida política y de un proceso de efectiva
democratización de la sociedad. En este sentido,
son sus fines: la consolidación y profundización
de la democracia, la afirmación de la identidad
cultural y la integración social.
Para ello, debe reafirmarse el rol
protagónico del Estado en la política
educativa, y de la escuela y la universidad pública
como espacio de producción y distribución
social del conocimiento y de afirmación de la
identidad cultural. Se debe garantizar la gratuidad
de la enseñanza y el acceso a la educación
en todos los niveles y modalidades, asegurando asimismo
la calidad educativa.
En ese camino es imprescindible promover
el acceso y permanencia de todas los niñas y
todos los niños y jóvenes a todos los
niveles de enseñanza; extender la obligatoriedad
a la educación preescolar y secundaria; propiciar
la generalización del sistema de jornada completa;
establecer sistemas de becas, subsidios y servicios
a todos los alumnos cuya situación social lo
requiera; promover la enseñanza para adultos,
e incorporar a toda la comunidad educativa en la evaluación
permanente y periódica y la actualización
del sistema educativo.
11. Vivienda digna y hábitat
adecuado.
Las políticas de vivienda y
hábitat no deben ser vistas desde la perspectiva
de la obra pública, sino que deben formar parte
del conjunto de políticas sociales como respuesta
a un derecho social.
Las políticas de mejoramiento
del hábitat son indisolubles de las demás
políticas sociales en el marco de los principios
del desarrollo urbano sustentable y sobre la base de
la participación integral de los destinatarios.
El derecho a una vivienda digna y a
un hábitat adecuado, debe incluir la seguridad
jurídica de la tenencia, la disponibilidad de
servicios, materiales e infraestructura, la posibilidad
de acceso al mercado de vivienda, la habitabilidad con
estándares mínimos de calidad, el acceso
prioritario a grupos desfavorecidos, la adecuación
cultural que permita la expresión de la identidad
y la diversidad, y la asistencia a las poblaciones para
mantener su hábitat.
12. La integración de las
personas con necesidades especiales.
Al menos el diez por ciento de la población
argentina sufre alguna forma de discapacidad física
o mental. La pobreza y la desnutrición subyacen
como determinantes en gran cantidad de casos. La discapacidad
ha sido siempre una de las grandes causas de exclusión.
El socialismo sostiene la prioridad
de las políticas de inclusión social y
equiparación de oportunidades de las personas
con necesidades especiales. Los conceptos de equiparación
de oportunidades y plena participación, más
que apuntar a la ayuda individual para compensar la
desventaja, deben ser entendidos como la configuración
de un medio social que no presente obstáculos
a personas con discapacidades, donde puedan construir
y reconstruir alternativas para una mayor variedad de
usuarios.
Este objetivo debe procurarse mediante
el afianzamiento de una cultura solidaria y participativa;
la participación protagónica de las organizaciones
no gubernamentales de los interesados y sus allegados;
y las acciones del Estado orientadas a la equidad y
al desarrollo de la prevención.
Las acciones deben abarcar respuestas
a la problemática laboral, educativa, de atención
integral de salud, prevención, de hábitat,
y a la accesibilidad por supresión de barreras
urbanas, arquitectónicas y de transporte.
13. La democratización de
la cultura.
Sin una política que promueva
la creación y la difusión de la cultura,
se establecen divisiones profundas entre los ciudadanos,
que potencian la desigualdad económica y social.
La cultura es un elemento dinamizador de la participación,
la solidaridad y la defensa de los derechos humanos.
El acceso universal a la cultura es un elemento esencial
del fortalecimiento democrático, de la igualdad
y de la construcción de ciudadanía.
El socialismo aspira al desarrollo
de una sociedad multicultural, capaz de convivir con
las diferencias y asimilar su riqueza, en el reconocimiento
de que en la conformación de las convicciones
e ideas que profesa cada ciudadano en un sistema democrático,
se cruzan movimientos culturales provenientes de historias
y latitudes diferentes que fortalecen institucional
y jurídicamente la sociedad.
Es esencial el fortalecimiento de los
valores culturales que conforman nuestra identidad y
de los que nos unen a América Latina, así
como de las singularidades culturales de las distintas
regiones de nuestro país.
Debe democratizarse la producción
y consumo de los bienes culturales, y fortalecerse las
industrias culturales ligadas a la producción
regional, nacional y latinoamericana.
14. El derecho a la ciudad.
La mayor parte de la población
vive hoy en ciudades. En la ciudad transcurre la vida
cotidiana de las y los habitantes, y es el ámbito
de relación más directa con los gobernantes,
por lo que la participaci&oa |