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Señores Legisladores.
Por el carácter de vuestra representación,
al dirigirme a ustedes lo estoy haciendo, a la vez,
a la ciudadanía santafesina. Y quiero aprovechar
esta doble proyección para compartir algunas
reflexiones y hacer una convocatoria a esta Asamblea
Legislativa y al pueblo de la Provincia: los convoco
a cambiar Santa Fe.
Desde hace ya varios años, y con especial énfasis
a lo largo de la pasada campaña electoral, planteamos
la necesidad de cambiar la realidad de nuestra provincia.
Pero no en cualquier dirección, sino en un sentido
progresista, de desarrollo y crecimiento individual
y colectivo.
La construcción de un horizonte progresista requiere,
como punto de partida, repensar la democracia. La democracia
que hoy tenemos es insuficiente y debemos modificarla,
ya que hoy parece conformarse sólo con la estabilidad
institucional y la mera reproducción de lo existente.
Estamos convencidos que esto es un riesgo para el mismo
régimen democrático. Porque el sistema
democrático necesita ser pensado y recreado permanentemente.
La democracia a la que aspiramos es exigente. No se
trata de conciliar los intereses tal cual existen; la
exigencia se expresa en acciones dirigidas a reformular
y reorientar esos intereses en función de un
proyecto de mejora de la sociedad.
La democracia que, con marchas y contramarchas, los
argentinos hemos sabido recuperar, tiene una deuda con
la sociedad, que no podemos ni debemos eludir. La calidad
de una sociedad y de su organización estatal
se relaciona directamente con la capacidad de proporcionar
a sus habitantes los atributos mínimos de la
ciudadanía, garantizando la irrevocabilidad de
los derechos humanos para todos y cada uno.
Así, la democracia de proximidad aparece como
punto de encuentro entre la democracia representativa
y la participativa. En tal sentido, hay que cambiar
el Estado, construir un Estado cercano a las preocupaciones
de la gente, capaz de impulsar políticas públicas
pero, también, capaz de construir un trato cordial
con los ciudadanos. La incorporación de la sociedad
civil al binomio Estado-mercado es un hecho tan real
como necesario; e incorporar esta trilogía a
la gobernabilidad es imprescindible para el cambio.
En nuestro Programa de Gobierno definimos dos líneas
sobre las cuales establecíamos las acciones para
conseguir ese cambio: un mayor bienestar para Santa
Fe y un mejor Estado para todos. Esto lo queremos consensuar
con ustedes y, juntos, llevarlo adelante.
Esta voluntad de cambio ha sido respaldada el 2 de septiembre
por la soberanía popular y hoy iniciamos el gobierno
con ideas, con programas, con equipos, con un gran entusiasmo
y con la esperanza de los santafesinos.
Es nuestra responsabilidad convocar al diálogo
y a la participación a todos los sectores sociales,
económicos y políticos de nuestra provincia.
Y fundamentalmente es nuestro compromiso convocar a
los otros dos Poderes a ser parte del cambio que nuestros
comprovincianos eligieron. Es imprescindible mantener
el diálogo, garantizando al mismo tiempo la necesaria
independencia de los poderes.
La independencia de los tres poderes, base de la construcción
republicana, no debe impedir o condicionar el diálogo
entre los mismos. La ciudadanía está esperando
que quienes tenemos responsabilidades institucionales,
asumamos el deber de promover el bienestar de todos.
No quiere disputas ni peleas. En tal sentido, será
una práctica cotidiana de nuestro gobierno dar
respuesta a todos los pedidos de interpelación
formulados por las Cámaras, comenzando por quien
les habla.
De igual modo planteamos un diálogo franco con
la Corte Suprema de Justicia; no para incorporar miembros
a este cuerpo ya que el decreto de autolimitación
de las designaciones constituirá nuestra primera
acción de gobierno, sino para superar las
dificultades que perturban sus tareas cotidianas.
La provincia de Santa Fe cuenta, en su patrimonio, con
condiciones favorables para llevar adelante las políticas
que nos proponemos. Ante todo, tiene una historia progresista
marcada por la integración cultural, la que se
expresó en la construcción del Fuerte
de Sancti Spíritu, en la Fundación de
Cayastá, en la primera Constitución provincial,
en las colonias agrícolas, en la Revolución
de los Siete Jefes, en el Grito de Alcorta y en el Rosariazo;
la que ejemplificaron Nicasio Oroño y Lisandro
de la Torre, y a la que cantaron José Pedroni
y Julio Migno, Todos estos hechos son parte de nuestra
historia, fuentes ineludibles para interpretar la realidad
actual, y ejemplos para construir el futuro.
Debemos reflejarnos en nuestra historia y recuperar
el progresismo que la caracterizó. Recuperar
la idea de progreso, de ascenso social que distinguió
a nuestra pampa gringa, donde los abuelos inmigrantes,
mayoritariamente analfabetos, veían en la educación
de sus hijos la posibilidad concreta de un destino mejor.
Donde a través de la oportunidad de acceso a
la educación que generó el Estado mediante
la Ley 1420 y la Reforma Universitaria de 1918, nuestros
padres comprobaron que con el estudio y el trabajo se
podía ascender socialmente.

La idea del ascenso social a través del esfuerzo
ha quedado trunca. Hoy tenemos una realidad donde el
esfuerzo, el estudio y el trabajo han dejado de ser
las vías seguras de acceso a la evolución
individual y colectiva. Hoy tenemos una realidad que
nos duele: coexisten una riqueza en crecimiento con
una pobreza en expansión; pobreza que no sólo
es carencia económica, sino que incluye otras
carencias éticas, morales y espirituales, que
conllevan como epifenómeno a la inseguridad.
La inseguridad es la mayor preocupación de nuestros
conciudadanos y su superación constituye un paso
fundamental para reconquistar nuestra calidad de vida.
Sabemos que la inseguridad no es un problema meramente
local y por eso mismo exige un abordaje integral. Si
tanto le preocupa a nuestra gente, tanto o más
nos preocupa a quienes integramos el gobierno que hoy
asume. Sin promesas fáciles, sin tentaciones
antidemocráticas, pero con mucha firmeza y seriedad
combatiremos el delito en todos lados.
Abordar firmemente los problemas sociales y económicos
de nuestra provincia, sin perjuicio de encarar medidas
específicas de política criminal, tendrá
como consecuencia directa la mejora de las relaciones
interpersonales y el destierro de la violencia.
Como decíamos antes, otra de las condiciones
favorables de nuestra provincia, que hace a su patrimonio,
es una dimensión ética de unidad en la
diversidad. Nuestra historia registra momentos de consensos
básicos en torno a la convivencia, como los que
permitieron la integración de los pueblos originarios
con los inmigrantes, proceso que se extendió
a todas las poblaciones.
Fue en esta pampa gringa antes descripta, donde mejor
se cristalizó el sueño sarmientino: el
de la construcción de una sociedad de colonización
sobre la base de la pequeña propiedad de la tierra.
Así, desde Santa Fe, el ejemplo de la Colonia
La Esperanza representó el paradigma de la construcción
de una de las sociedades más inclusivas de América
Latina.
Hoy, la convocatoria que traemos a Ustedes tiene como
objetivo recuperar esa dimensión ética
que alumbró hechos como el de Esperanza. Otros
países, otras regiones, no tuvieron esos ejemplos.
Pero nosotros podemos recuperar el hilo de nuestra historia
en base a un nuevo consenso, en torno a la convivencia,
la memoria histórica y el futuro, con un sentido
de pertenencia que va más allá de las
trayectorias individuales y del destino de las personas.
El Estado que necesitamos los santafesinos debe ser
un reflejo de la pluralidad y heterogeneidad de nuestra
sociedad. Hay que superar el temor a la diversidad que
caracteriza a la actual institucionalidad. Lo heterogéneo,
lo diverso, lo plural, no es un problema, sino una oportunidad.
Debemos aprovecharla, ya que esos atributos han sido
uno de los mejores rasgos de la cultura argentina, especialmente
la santafesina.
Con esa convicción, convocamos a construir en
Santa Fe una sociedad justa y democrática, con
independencia de los poderes, con materialización
de los derechos, con funcionamiento de las instituciones.
Con responsabilidad social empresaria y con trabajo
decente.
¿Por dónde empezamos? Por lo social, que
es urgente. Nuestra prioridad es mejorar la calidad
de vida. Venimos a plantear una democracia exigente,
que implica igualdad en el punto de partida: atención
del embarazo, alimentación equilibrada, acceso
al agua potable, techo y abrigo adecuados, alfabetización
y educación continua. Esto forma parte de una
democracia biológica; quien no accede a ella
queda excluido de la democracia política. Y en
particular el niño, quien, si carece de un núcleo
que funcione como familia, verá amenazada su
posibilidad de integración social. Por eso nuestra
prioridad son los niños. Por allí debemos
comenzar, por allí la vida nos vuelve a dar otra
oportunidad.
La atención de los primeros años de vida
requiere de un esfuerzo integral para romper, lo más
temprano posible, con las desigualdades que caracterizan
a nuestra sociedad. Quizás desde un Estado provincial
no podamos empezar por donde, entendemos, hay que empezar
para terminar con las causas estructurales de la desigualdad
y la pobreza. Pero desde el Estado provincial es posible
comenzar a romper el círculo vicioso de las desigualdades,
cuyo primer impacto se da siempre sobre los niños.
El gran desafío es la educación y el ámbito
escolar es fundamental para empezar esta tarea. Vamos
a comenzar mejorando las escuelas. Y vamos a hacerlo
desde el Estado junto con la sociedad civil. Por ello
convocamos a toda la ciudadanía, y a la comunidad
educativa en particular (maestros, padres, abuelos,
alumnos y cooperadores), a participar de jornadas de
trabajo para levantar la escuela: arreglar
los baños, cambiar los vidrios rotos, pintar
la escuela. Proponemos un esfuerzo compartido para iniciar
un nuevo tiempo, en el que podamos recuperar el sentido
de la educación como elemento para el progreso
social, tal como nos enseñaron nuestros mayores.
Si los niños son el punto de partida de nuestra
preocupación para resolver los problemas sociales,
los jóvenes constituyen el siguiente eslabón.
La integración de los jóvenes no se logrará
señalando sus déficits o cuestionando
los atajos que toman. Se conseguirá asumiendo
nuestra responsabilidad; que no es hacer por ellos sino
convocándolos a hacer y a ser parte de la solución
de los problemas. Por eso no queremos confinarlos a
un espacio sólo para jóvenes, sino invitarlos
a participar como verdaderos protagonistas de todos
y cada uno de los espacios de nuestro gobierno.
Los convoco entonces a la maravillosa empresa de construir
una sociedad más inclusiva para y con los niños,
los jóvenes, los adultos y los adultos mayores.
Afirmábamos en nuestro Programa de Gobierno que
el bienestar de una sociedad es el resultado de
una decisión política. Esa decisión
política puede alcanzar el resultado deseado
en la medida en que cuente, para la acción, con
los instrumentos adecuados, tanto en el territorio de
lo estatal como en el de la sociedad civil.
La descentralización de la provincia significa
comenzar a transitar una nueva forma de gobernar. Acercar
los procesos sociales a los económicos, es decir,
la educación, la salud, con la producción,
el trabajo, la vivienda, las vías de comunicación.
En definitiva, pensar nuevas maneras de garantizar los
derechos sociales desde el Estado municipal y provincial.
La autonomía de los municipios, que fue consagrada
por la Constitución progresista de 1921 al poco
tiempo derogada, debe reinstaurarse como instrumento
clave para el crecimiento. La descentralización
permite estudiar la realidad local, proponer planes
estratégicos para cada región e integrar
la provincia en un único plan estratégico.
Todo ello no se logrará de un día para
otro, pero cuanto antes comencemos mejor. Como nos decía
ese gran presidente que tuvo el hermano país
de Chile, Don Ricardo Lagos: Hay que gobernar
pensando no en las próximas elecciones sino en
las próximas generaciones.
Queremos un desarrollo armónico de la provincia
y, en ese sentido, el Norte constituye un verdadero
desafío. El primer objetivo será mejorar
las condiciones de vida para que nuestros comprovincianos
no se vean compelidos a migrar, obligados a adaptarse
a otras culturas o a incorporarse al mundo del trabajo
con habilidades diferentes.
Vamos a promover el crecimiento económico armónico
de nuestra provincia con base en la innovación
productiva. A tal fin creamos la Secretaría de
Ciencia, Tecnología e Innovación, y modernizamos
la estructura del Ministerio de la Producción
para apuntalar un desarrollo sustentable, con una eficaz
integración en el mercado nacional, regional,
latinoamericano e internacional.
No podemos concebir un proyecto de desarrollo provincial
sin mirar a la Nación y al mundo y, en particular,
a nuestra región. Como no sucedía desde
hace muchas décadas, la Argentina y América
Latina se encuentran ante la posibilidad, en el corto
plazo, de dar un enorme salto económico y productivo.
Pero si simultáneamente no damos un gran salto
social, de justicia e integración, un gran salto
cultural y educativo, todo será efímero.
Y así habremos perdido una gran oportunidad.
Para evitar una nueva frustración, nosotros comprometemos
nuestro esfuerzo desde el gobierno provincial, convocando
a las santafesinas y los santafesinos que nos quieran
acompañar, junto al gobierno nacional y a los
otros gobiernos provinciales.
Esta oportunidad para nuestro desarrollo se basa en
una nueva relación entre el territorio, el espacio
vital de nuestros países, sus habitantes y sus
excedentes de producción de alimentos y biocombustibles.
Esta no es una definición coyuntural, estamos
hablando de una realidad que Santa Fe no puede desperdiciar
por cuanto está en uno de los ejes de ese desarrollo,
de ese salto que nos puede dar la hidrovía Paraná
Paraguay, que integra el corazón del Mercosur.
Es posible un auténtico proyecto provincial de
desarrollo como parte de un proyecto nacional. Este
es nuestro gran compromiso de cambio.
La constitución que hoy tenemos en Santa Fe,
que fuera sancionada en el año 1962, debe ser
reformada para interpretar los tiempos actuales y para
promover los tiempos futuros.
Señores Legisladores: los convoco para consensuar
este cambio, el de la Reforma Constitucional. Reformar
la Constitución no es reducir el debate a la
uni o la bicameralidad. Reformar la Constitución
significa pensar juntos en cambiar todos aquellos aspectos
que limitan el crecimiento espiritual y material de
nuestro pueblo, e impulsar juntos propuestas que faciliten
la integración y la transparencia en el ejercicio
democrático de los derechos. Esa reforma debe
surgir del consenso entre las santafesinas y los santafesinos
y debe reflejar nuestros valores y nuestras esperanzas.
En el mismo sentido creemos que es importante el diálogo
con el gobierno nacional, respetando las jurisdicciones
y competencias, y acordando políticas que ayuden
a crecer a la Nación y que, a la vez, contribuyan
a mejorar la vida de los santafesinos.
Estamos convencidos de que por decreto, por ley o por
imperativo constitucional la realidad no va a cambiar.
La realidad va a cambiar si asumimos la solidaridad,
la participación y la transparencia como valores
fundamentales que orienten el desempeño de ciudadanos
y gobernantes en la construcción de la provincia
de Santa Fe que todos anhelamos y nos merecemos. Ese
es el legado cultural que recibimos; por eso es importante
reflejarnos en esos valores, que se sintetizan en los
hechos históricos que hicieron de Santa Fe una
provincia singular. Recuperemos la memoria y encontraremos
en esas fuentes el sentido de nuestro futuro. Como dijo
el poeta socialista José Lencina: Seremos
porque fuimos.
Señoras Legisladoras, Señores Legisladores,
santafesinas y santafesinos: gracias por acompañarnos
hoy. Quiero transmitirles el agradecimiento de la Vice-
Gobernadora, de todo el equipo de gobierno y el mío
propio por la gran responsabilidad que nos confirieron.
Y hoy, en nuestro primer día de gobierno, ratificamos
nuestro compromiso de trabajar hasta el último
minuto de nuestro mandato por una provincia de Santa
Fe donde primen la solidaridad, la participación
y la transparencia.
Muchas Gracias.
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